Existe un grupo de películas que pasan por géneros tan diversos como thriller, acción, terror, e incluso comedia, pero están todas hermanadas por una suerte de pseudo-género que Von Katze llama: "Películas de esas que te creés que era una cosa y al final ¡PAH! resulta que era otra". Eso para los que se creen que en la vida real el tipo habla como escribe. Pffff. Y algún día les voy a contar cómo habla Espartana. En todo caso, una suerte de paradigma de este cuasi-género es Fight Club, donde los dos protagonistas acaban siendo dos caras de una misma persona, y si no sabías eso no vengas a protestar, si a esta altura no viste Fight Club merecés ser ejecutado en una plaza pública. El problema con este tipo de películas es que, después de ver varias, uno aprende a predecirles la vuelta de tuerca desde lejos. El Maquinista es una especie de evolución dentro de este no-género que demuestra que todavía se puede seguir sorprendiendo. Hay un personaje que ya en el momento de ser pesentado vas a adivinar que no es más que una manifestación imaginaria del protagonista, pero, mientras estás muy ocupado congratulándote por tu sagacidad, la película aprovecha y te mete un par de giros paralelos que, con suerte, nunca vas a ver venir y te van a hacer volar las medias. Al menos conmigo funcionó.
 æclipse µattaru dictamina: 4.5 osos polares |
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