












omo todos sabrán, nuestro querido Uruguay está dando sus primeros pasitos hacia el Primer Mundo. Claras señales de esto son, por ejemplo, los indicadores económicos en claro ascenso, o ese viento-huracanado-que-arranca-árboles-y-se-lleva-autos-puestos que nos tocó el pasado martes 23 de agosto; uno de esos que antes sólo veíamos de lejos, en la parte de "internacionales" de los noticieros o en las películas de cine catástrofe, con la melancolía anhelante del pibe que pega la ñata contra el vidrio...
¿¿¡Viste lo que fue ese viento!?? ¡Pero la mierrrrrrrrrrda...!

Una de las top 5 mejores fotos de la historia. ¿¡¿ALGUIEN ME PUEDE EXPLICAR PARA QUE CARAJO SON ESOS PARAGUAS?!?
El temporal desató una encendida polémica, poniendo en la mira de todas las críticas a la Dirección Nacional de Meteorología (DNM) y a los meteorólogos freelance que salen en la tele. Hordas de aldeanos iracundos salieron por las calles con sus tridentes y sus antorchas, a pedir las cabezas de todos los que no advirtieron debidamente que se venía un peaso ciclón que se nos iba a volar el peluquín.
Ahora, con la mano en el corazón: ¿Quién le hubiese creído a nadie que íbamos a tener un fenómeno de ese calibre, si se sabe que el 85% de las veces los meteorólogos no le pegan? Más aun, ¿cuántos son los que realmente están en condiciones de decir con total seguridad que no fueron debidamente advertidos? Esto es, vamos, en base a lo antedicho, nadie les da bola a los meteorólogos; a no ser a fenómenos del tipo de Diego Vazquez Melo, y eso sólo porque queremos ver con qué payasada se vino hoy.
En todo caso, los TV-weathermen se defendieron diciendo que ellos habían avisado que se venían vientos de poder, y el que no quiso escuchar, mala suerte; y que si no lanzaron una "Alerta Meteorológica" como Dios manda, fue porque sólo la todopoderosa DNM tiene la potestad de hacerlo, y siendo que no recibieron la orden / el aval pertinente por parte de dicha institución, ellos estaban como atados de manos.
Ante esta semi-acusación, la DNM tomó cartas en el asunto con una actitud que de ninguna manera es una chiquilinada ni una forma de salirse por una tangente con cualquierita, y básicamente dijo que el juego del clima en este país es un relajo, que cualquiera dice lo que quiere, y que es necesario poner un poco de orden. Eso, y que les falta plata para ver venir a los vientos, porque cada vez que se nos pone un micrófono a tiro hay que patalear sobre el presupuesto. Es tradición.
En imposiblemente enorme meteorólogo enano saltarín de Seanbaby.
Suck it down, Vazquez Melo!
Un par de días después, para que no se diga que no hacen nada, la DNM lanzó una Alerta Meteorológica, que se venía el fin del mundo cabalgando un aire veloz que soplará, soplará, y te volará las chapas del techo a la mierda... con tanta mala suerte que, si en algún punto del país sopló una brisa ese fin de semana, no sirvió ni para remontar cometas ["Cometa" = "Barrilete", en uruguayo -N. del E.]. Una vez más, las hordas salieron a la calle a patalear, que qué pasa que cuando viene viento no avisan, y cuando avisan no viene viento.
Nuestro Magnus Presidentus decidió poner un poco de orden en toda esta malaria, y le encomendó a su fiel sidekick Azucena Berruti (AKA Ministra de Defensa Interplanetaria) que se mandara uno de esos decretos que a ella tan bien le salen y que todo lo curan.
De acuerdo con el diario El País, la Defensora dijo ...

"Me comprometí a promover una ley para poner a cargo de la DNM la responsabilidad de determinar alertas y establecer sanciones para quienes incumplieran esas normas."
Así que, si no entiendo mal, lo que propone la Ministressa es oficializar la situación en la que ya estábamos por medio de un decreto, agregando penas para los que se salgan de la regla. Ergo, nos seguimos yendo por la tangente, llevados por el viento huracanado hasta el infinito y más allá, lejos de las tierras olvidadas del contexto...
El martes 6 de Setiembre, el programa "Dicho y Hecho" presentaba un informe sobre lo caro que va a salir barrer todos los cachos de árbol que andan desperdigados por las calles del país, y comentaba como al pasar en qué estaba toda esta discutida cuestión de los meteorólogos, la DNM, y el inminente decretazo. El miembro del staff que siempre está sentado más contra acá, el de lentes y nariz prominente (no sé como se llama, pero a quién le importa, si éstos son periodistuchos de medio pelo, no como los Fashion Periodists de "Zona Urbana" que hasta clubes de fans tienen) apuntó sagazmente ...

"Pero lo que están haciendo es poner el poder justamente en las manos de la organización más cuestionada en todo este asunto, la que se negó a lanzar una alerta ante el problema real, pero lanzó una cuando no pasó nada..."
"¡Bien dicho, Capitán Nariz!", vitoreamos nosotros al unísono desde nuestros asientos, "Ahora, con este sorpresivo twist, el informe se va a poner bien bueno..."
... o no, porque resulta que justo en ese momento venía otro tema, y ya se sabe que el tiempo en TV es tirano; así que Gerardo Sotelo, cabecilla del grupo, se vio en la obligación de minimizar la relevancia del incisivo comentario de su co-equipper y cerrar la nota con un sutil ...

"Seh... Y bueno, yo que sé..."
Ese fue el cierre de la nota. Lo juro
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ontinúa el conflicto por las papeleras, y una vez más entra en el debate un personaje que sabe y sabe de lo que habla: El renombrado experto en procesamiento de celulosa y protección del medio ambiente Mario Benedetti.
Aunque aún no hay una confirmación oficial al respecto, se rumorea que la próxima semana contaríamos con un debate enfrentando las calificadas opiniones del Capitán Planeta y el empresario Montgomery Burns.

A algunos diarios le vendría bien un par de manitos.
En lo que probablemente acabe como una sección fija de RANT, presentamos otra de esas notas de "periodismo vaporoso" capaces de despertar un fulminante efecto "¿¿¿Y???" en sus lectores, haciendo un prometedor anuncio en el título que nunca se termina de cumplir en el cuerpo del texto. Y es que la página 2 de la sección "Política" del diario La República arranca con un atrevido título anunciando que "Habla Benedetti, calla Natalia Oreiro", en referencia a la entrevista con el veterano poeta uruguayo, que "conmocionó a los argentinos y más, mucho más, a quienes están llevando el conflicto directamente". Entre estos, presumiblemente, se podría incluir a Natalia Oreiro que ya se manifestó en contra de las papeleras, y entonces uno se relame ante lo que adivina será un duelo de titanes que no tienen absolutamente nada que hacer opinando de temas ambientales pero bue qué le vas a hacer de todas formas desde cuándo se necesita ser un experto en nada para abrir la boca en este país y además lo importante es qué bueno va a estar verlos pelearse...
Sin embargo, lo que finalmente se nos entrega es una escueta columna cuya única mención a la Oreiro es una especie de patadita malograda que el cronista tira sobre el final ...

La campaña de la cultura por las papeleras que emprendió Busti quedó sepultada ayer por las plabras de Benedetti. Es que en la Argentina y también en el Uruguay pesa mucho más lo que dice Benedetti que lo que diga Natalia Oreiro.
... convirtiendo la mención a la estrella pop en el título en un fiasco total, si al final la mina probablemente ni siquiera se enteró de lo que dijo el viejo.
Cabe destacar que esta vez el culpable del ilícito tiene el valor de firmar su trabajo, y la verdad es que tenemos que darle cierto crédito porque, al hacerlo, genera un incidental pero divertido juego de palabras en el título ...
"Habla Benedetti, calla Natalia Oreiro", Antonio Ladra
¿No es fino, señora?
Por otro lado, el diario destaca que "La entrevista realizada por la periodista Erika Grinberg tuvo un gran impacto en la vecina orilla". ¿La evidencia? Bueno, eso es lo que "relató la propia periodista a La República".
Sr. Fasano, acá tengo un dato para su próximo editorial: "La internet entera hierve en discusiones en torno a RANT, la página web que está revolucionando la realidad como la conocíamos hasta hoy. Yo la vi."
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como oportunamente informáramos, el pasado fin de semana ocurrió una lamentable tragedia en la ciudad de Young, departamento de Río Negro, en el marco de la filmación de un episodio del programa Desafío al Corazón. Casi en forma inmediata, desde los más diversos sectores de la sociedad uruguaya se extendieron decenas de manos dispuestas a hacer leña del árbol caído. Porque la gente es mala, no hay con qué darle.
El último en poner su granito de arena en el ojo de la tragedia fue Julio Guillot, del diario La República, con una columna titulada "Programas que abonan el lado oscuro del corazón", en la que azota a conciencia al programa televisivo en cuestión. En realidad, a éste programa específicamente no -como él mismo se apresura a aclarar-, sino a la naturaleza del programa. A la idea que se esconde detrás de una presentación totalmente válida.
Mmmh-hm.... qué abstracto se está poniendo esto... ¿Es otra pieza de periodismo vaporoso eso que huelo? ¡Investiguemos, amiguitos ...!

Me refiero a los programas de televisión que, como "Desafío al corazón" de canal 10, pretenden ser filantrópicos y en los que abunda un componente cursi o sensiblero. Son propuestas de comunicación que trabajan a dos puntas: con el pretexto de ayudar pecuniariamente a alguna institución en escombros (hospitales, escuelas, cotolengos, y todo organismo que desarrolla una tarea loable), se ofrece al público televidente un espectáculo circense, donde hay riesgos reales para los participantes sometidos a exigencias especiales para sortear pruebas o cumplir tareas. En tales condiciones, el éxito está asegurado. Es una forma de alimentar el morbo natural del ser humano, el lado oscuro del corazón, disfrazado de obra de beneficencia. El mismo lado oscuro que añora el coraje de los malevos, que asiste a una una exhibición de pugilato, que se emociona con los trapecistas arriesgando su vida, o que asiste a los espectáculos taurinos. Es la versión moderna de aquellos que estimulaban a los gladiadores en el circo romano; y es el mismo sentimiento que también los hace disfrutar corriendo algún riesgo, realizando alguna actividad peligrosa para su propia integridad física, que los hace sentir un placer morboso viendo una película de terror, o que los impulsa a subirse a la montaña rusa para lograr que se libere adrenalina.

Una de las pruebas de la versión de Desafío al Corazón que mira Guillot. Al sonar la chicharra los productores empiezan a acosar al cocodrilo a pedradas, dando comienzo la prueba propiamente dicha.
Evidentemente, Guillot es un intelectual de pura cepa, y debe estar demasiado ocupado participando en los deliciosos debates de su club literario y atendiendo a las funciones de cada película soporífera que aparece entre los hongos del subsótano de Cinemateca, como para desperdiciar su tiempo en mirar programas de televisión para mentes sencillas. A esto se debe, presumiblemente, la confusión que lo lleva a hablar de Desafío al Corazón, cuando es más que obvio que su intención original era referirse a su tenebroso doppelgänger Desafío MORTAL al Corazón.
A ver. No pretendo venir acá a plantarme en defensor del programa, ni muchísimo menos de ninguna de las lacras amorales que están detrás de él, si ellos mismos ya demostraron que les chupa un huevo todo este asunto, pero hay algo que siempre repito y es que si vas a hablar de una cosa, y en especial si vas a hacer una crítica, estaría bien que te informes un poco sobre el tema.
Yo he visto Desafío al Corazón alguna que otra vez, y el tenor de las pruebas, me animaría a decir que en su 95%, suele ir de "juntar 50 personas que hayan visto el cometa Halley en 1910" a "organizar una murga de mimos parisienses que interprete la retirada de 'La Falta' del '82", llegando tan lejos como "formar tres fila de Fuscas pintados de verde cotorra que vayan desde la escollera Sarandí hasta el obelisco". Usualmente, el riesgo más grande que implican las pruebas que propone el programa es que se emocione uno de los veteranos y se les quede tieso en el estudio. Y de todas formas es un tipo que vio al cometa Halley cuando se todavía se veía algo, para qué quiere seguir viviendo.

Una vieja promo de Desafío al Corazón hacía una alusión mucho más directa a su cometido de saciar la sed de sangre de la morbosa teleaudiencia uruguaya.
La ausencia de un soporte válido para su exposición no es, sin embargo, impedimento alguno para que el implacable periodista tome impulso y pegue un monumental salto conceptual, transformando la mención a Desafío al Corazón en el aperitivo de una crítica generalizada de la televisión moderna con sus reality shows, sus deportes extremos, sus videos más locos del mundo, sus canciones de Los Tatitos... En fin, todos los consabidos productos "abocados a alimentar el lado oscuro del corazón del televidente".
En este punto, el lector se estará preguntando -y con toda la razón-: "¿Pero vos qué hacés mirando ese programa de mierda?", a lo que respondo con el siguiente párrafo de la nota, no porque esté relacionado con la pregunta, sino porque llega justo a tiempo para desviar la atención de ese aspecto más bien patético de mi vida y centrarla en el quid de toda esta cuestión...

Aunque sean privados, los canales usan ondas públicas. Bien podría exigírseles un compromiso mayor con la tarea de inculcar valores y divulgar cultura.
De esta manera, queda oficialmente marcado el punto en que hace cinco minutos que Guillot debió haberse callado la boca.
Una de las técnicas más facilistas y populares para demostrar lo inteligente y comprometido con el enriquecimiento cultural de la sociedad que es uno, consiste en plantear una exposición anti-televisiva abstracta y genérica en la que se hace un severo llamado a la atención al conglomerado estupidizador de la industria de la TV por la degradación moral a la que está arrastrando a la sociedad, y se le exige que empiece a inculcar valores y divulgar cultura de una buena vez, qué carajo.
¿Qué significa exactamente esa frase? ¿A qué es, en concreto, que nos referimos usando términos tan pomposos y un tono de voz tan firme? Eso no lo sabe nadie.
Lo cierto es que cada vez que sacudimos el índice extendido y fruncimos el ceño para plantear esa crítica/exigencia a voz en cuello, sentimos un dejo de temor al pensar: "¿Y si el tipo me dice, 'De acuerdo, estoy dispuesto a empezar a difundir cultura en mi cadena de televisión. ¿Qué es lo que tenía Ud. en mente?', ¿¡¿qué le contesto?!?".
Pero es un temor pasajero, que se desvanece de inmediato cuando recordamos que los empresarios del cartel de la caja boba no leen nada que no sea las planillas de ratings.
Y muchísimo menos nuestros pataleos retóricos con ínfulas de redentores culturales
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