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Las dos El expresionismo (1885-1930)
Ahora lee. Sentada en su hamaca abre un libro, se acomoda los lentes, enfoca cuidadosamente; leerá algo de Agatha Cristie o una de esas de misterio que tanto le apasionan en estas tardes de sábado. Sobre los vaivenes de su cuerpo se posan dos mariposas azules mientras que el picaflor revolotea entre un rosal tanto que los sentimientos. La obra del arte expresionista ya no se contenta con ser contemplada, sino que pretende ser la expresión de una realidad fatal las golondrinas ahora bajan por ramitas y hojas para su nido, todo encima de la cabeza de la vieja que está sentada bajo el nogal y ve pasar una tras otra las horas, exponiéndose así a la inseguridad y cuestionabilidad de una resonancia crítica. A causa de ésta postura antiformalista resulta del todo consecuente que el expresionismo concentre su objetivo artístico no tanto en el refinamiento de la técnica pictórica, como en el agotamiento de los resultados de la práctica pictórica impresionista, que, en cuanto a perfeccion técnico-científica y ella que se ríe tanto de la vieja y de su vestido azul. Sofía se secaba los ojos en un silencio crepuscular. Sostenía firmemente su librito mientras que daba pequeñas bocanadas azules al último cigarrillo del Malboro veinte. Miraba el humo delante de las palabras. Lo miraba hacerse hilos y jirones. Lo miraba en toda su forma a través de los últimos rayos del sol y masticaba las primeras hipótesis sobre quién habría asesinado al doctor Mansfield. Pero dentro suyo recordaba viejos episodios de Alicia en el País de las Maravillas. Lo había leído en una edición muy vieja y en su idioma original: Alice in wonderland. El señor Lewis Carroll de había regalado una infancia llena de sueños y mundos perdidos en el jardín de su casa. " --¡Qué sensación más extraña! --dijo Alicia--. Me debo estar encogiendo como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.” Recitaba para sus adentros, recordando la expedición a las profundidades de las sierras cordobesas en búsqueda del país de las maravillas. I: Orígenes del expresionismo (1885-1900)
-¿Qué tenés ahí, Sofi? - No sé, recién cayó por el buzón y cuando abrí no había nadie. Mira, leéla.
- Eh, tenés un fan, Sofi. - Me da un poco de cosa, ¿y si es un loco? - Un loco que escribe bonito... - Loco al fin. - Pero vos anduviste de nuevo con lo de... Hacía referencia al episodio del colectivo, y andá a saber qué más. Cuando Van Gohg pinta escenas de la vida cotidiana, éstas siempre están en relación Puta madre, ese bendito micro. La vuelta a Córdoba, bajarme en un pueblito sin nombre todo porque vos. Esas coincidencias que dicen que todo tiene una razón de ser y yo podría, sólo con cerrar los ojos, remontarme a aquel día con la precisión de mil diapositivas dispuestas en mi cabeza, por orden cronológico y hasta con globitos de diálogo. Bah, diálogo: fue un soliloquio, un monólogo desde el segundo en el que me senté y miré –sin querer, sin intención- a la derecha. Al instante ya te vendabas los ojos. "Disculpe usted –me decías-, créame que no es por nada en especial, que no pretendo ser descortés o antisocial al vendar mis ojos. Es por su bien y, más importante aun, por el mío. Verá, yo tengo un gran problema. Me enamoro a primera vista, todo el tiempo. Me basta con un gesto, una mirada o un tibio pestañar. Con la luz del alba jugando en la retina o con la luna dibujando tenues figuras en la espalda. Y entre las cascadas de luz amarilla que entran por la ventanilla, los colectivos son, sin duda, mis mayores enemigos. Las dos horas de viaje me las paso rezando por no mirar a la izquierda, por mantener la cordura pero no puedo contenerme, nunca he podido controlarme en ese sentido. Por lo que hoy... hoy sólo voy a tapar mis ojos, y le pediré que no hable, puesto que no quiero enterarme que existe el amor a primer oído." Pasaron minutos, tristes veinte minutos inquietos e interminables. Tus manos leyendo un briale indescifrable entre mi rostro, y tus dedos con su punta de piel marfil y sus uñas de un azul cristal. Y yo, tan bobo, bajándome y mirando como te sacabas la venda con mi ausencia. Habría sido James, seguramente. Crimen idota y pasional ¿Usarán máscaras los asesinos? –Se preguntaba Sofía mirando a un pobre escarabajo tratando, en vano, de cruzar la plaza- No, ellos no necesitan de un disfraz para ejecutar, para caer en cana por "homicidio culposo". La Sole tampoco necesita de máscaras para andar por ahí. Menos mi abuela, en su sillita mecedora en Alpacorral. Alicia... ¿Alicia habrá usado una alguna vez? Anotaciones para mi cuaderno: Sofi, preguntále a Lewis Carroll si Alicia usó mascaras en algún punto de su vida. Pero no hay nada que pueda decir el cuadernillo sobre Van Gogh que no haya dicho, mucho mejor, Artaud. Blah, blah, blah, Munch, etc...
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