Página  1 | 2 | 3 




















Los fauves de París

as exposiciones retrospectivas después de 1900 en el Louvre de los maestros postimpresionistas Seurat, Van Gohg, Guaguin, Cézanne, dan lugara la creación por los jóvenes vanguardistas de la escuela neoimpresionista de Gustave Moreau de una pintura con el repertorio técnico del impresionismo que transforma espontáneamente y de nuevo acá. Soy un pelotudo sin arreglo y el Tincho tiene razón. La pendeja era mi tesis, era el súmmun de la mentira cotidiana. La empecé a observar sin inocencia alguna. La miré caminar cuidando la postura. Vi los gestos que hacía cuando hablaba, las manos moverse de acá para allá y la sonrisa neutra que se le dibujaba en la cara cuando escuchaba algo sumamente desagradable. En algún punto se parecía a mi. Exponía su discurso con oratoria de sofista, para luego caer en pausas, lagunas interminables donde recalculaba todo para volver a empezar. Así siempre, ella armando y volteando el castillo de naipes una y otra vez, hasta el hartazgo. Los que se quedaran a escuchar, se suponía, obtendrían la gran recompensa. Pero era la nada misma, todo concluía en un vacío que la dejaba tirada en un sillón mientras la música seguía y la pequeña multitud se dispersaba.

Pero ya basta –pensó Manuel con una rabia inexplicable-. A buscarla, a explicarle todo y al menos librarse un poco de culpa –se convencía mientras cerraba, por décima vez ya, los apuntes de historia del arte- ¿Qué tanto bardo? Nena, jugamos con vos. Fuiste parte de un ejercicio diario – ensayaba al tiempo que se paraba y guardaba el cuadernillo en la mochila-. ¿Sabés qué? Me caes bien, por eso te explico todo. Mirá, hay en la ciudad un grupete de gentes que se dedican a "hacer pensar" y para eso, les tenemos que mostrar cuán frágiles son las pavadas con las que se convencen de seguir viviendo -Manuel caminaba. Derecho al árbol, media vuelta frente al tobogán y a dibujar ochos entre la calesita y el nogal-. Vos me parecías una boluda más del montón, ¿y sabés qué? Ganaste. Me demostráste que no, que tenés razón y demás cosas. Ya lo debés saber, pero yo soy el pelotudo de la carta, el idiota del colectivo. No me mirés así, lo de la fiesta fue...

Manuel pasó, inconcientemente, cerca de las hamacas. La vieja de azul lo miraba desde su banco. También la nena que cuidaba a su perro, su madre, el tipo que estaba (hasta hace unos minutos) leyendo el diario y la joven pareja. Sofía alzó la vista mientras que un labrador corría tras un pobre gato que logró, por poco, subirse al árbol donde estaba sentada. Por segundos, incomodísimos segundos, Manuel la miró por sobre las hamacas mientras que ella fundía la vista en un punto entre su mano y el paredón lleno de estúpidos graffíti.

Hay veces que me dan ganas de empezar literatura de nuevo –piensa y piensa Sofía sentada en su árbol-. Máscaras, pedazo de hijo de puta no te puedo sacar de mi cabeza. Vos sabías todo ¿no? –Sofía se muerde el labio y mira al piso. El escarabajo había desistido de su caminata y se había quedado quieto, observándola.- La cartita, como un nene... ¡Qué tarado! Sofía suspiró. Manuel volvió a su banco, esta vez mirando al cielo y a los dibujos de las nubes. Somos pelotitas de luz azul –retomaba en su mente-, millones de pelotitas, pequeñas ideas dando vuelta por ahí. Mera construcción de la imagen, marketing profesional podría decirse. ¿Qué quieren de mí? Disfrazarse de Z para obtener X. Un inmenso mar de hipocresías y juegos varios. Y ahí entramos nosotros con la noble tarea de despertarlos, de pegarles una cachetada y decirles "no es así un carajo" –Manuel sonreía con asco- ¿Quién mejor que una actriz para construir una hidra de caras que den vuelta y se adapten al momento? ¿Qué habrá detrás de esas máscaras? Una nena frágil y boba, con mucho miedo de seguro. Mentira. Me dejaste con la duda. Abriste en mí un sinfín de dudas. Vos artista, vos actriz, vos mentirosa ¿Qué ocultás bajo tu ser? Mi trabajo diario, el de ver el hilo descocido de la máscara de cuero y tirar de él, desarmarla para que los ojos vean la luz por primera vez. Que la reciban como una madre a su hijo. Y en tus múltiples máscaras con sus múltiples hilos hay un dilema ¿Cuál he de arrancar primero?

O un puntito fijo en el espacio. El escarabajo que se sienta a mirarme no es más que una simple parábola. Me mirará a los ojos a mí, a Sofía, para luego darse vuelta y devorar hormigas o tal vez sea vegetariano, no lo sé. No tendrá las máscaras, supongo que él no las necesita. No ha de lidiar con la hidra, ni con sus múltiples cabezas, todas y cada una de ellas dispuestas a sonreír y dejar pasar. "Ser una hidra es fácil pero matarla no, porque si bien hay que matar a la hidra cortándole sus numerosas cabezas (de siete a nueve según los autores o bestiarios consultables), es preciso dejarle por lo menos una, puesto que la hidra es el mismo Lucas..." Recita Sofía, de nuevo sonriente como con cada recuerdo de Julio Cortázar.

Manuel vuelve tranquilo a su banco. Como si la caminata aflojara los músculos y todo se tornara una suerte de paz, de pachedad, de deseos de no volver a abrir el cuadernillo de historia del arte; pero tampoco retomar una y otra vez la imagen, la noche o el alcohol, las charlas y el humo flotando en una nube espesa pero a la vez intangible ¡Qué raro que lo primero que recuerde uno sea su hombro! Como consigna de una tertulia idiota, quién asista a la fiesta deberá llevar una remera sin manga derecha, y en el hombro alguna frase graciosa o pensante. Entonces como yo lo cité a Nietzche, algún payaso habrá formulado una premisa sobre su actividad sexual o cualquier otra broma referida a los fluidos corporales. Pero había hombros y no máscaras y sin embargo estabas cómoda, tranquila e implacable, sonriendo y disfrutando, tomando el pelo o jugando a que sos pero no, jamás sabrán y la duda, la duda (sin dudas) era lo que buscabas.

Así se entrelazaban nuestros hombros en un cadáver exquisito de sinrazones.

Oh caminante, hasta la orilla
Más cerca del sueño que de las púrpuras
Del mar has llegado, cual la distancia
Sombrillas de una costa
Que termina en el barranco
Imbuida de soles soporíferos.
De la vigilia al ensueño.

Así desde un principio –pensaba Manuel, con la tarde durmiéndose a sus espaldas-. Siempre jugando y dando vueltas en ires y venires sin tiempo ni forma. Te acercaste esa noche y dijiste que todo eso una parte ínfima de un juego, de un ajedrez viviente en el cual eras un peón, disfrazado de caballo, que movía como alfil y solamente, se veía como una reina.

Hablábamos de arte como falsos intelectuales que somos. Disimulados en el acto de la sinceridad, nos contábamos todo lo que no es verdad, y lo decorábamos con gusto a barroco y perlas naranjas. Seguí tu juego, pero esta vez mejor preparado "¿Por qué llora? –Te pregunté en mi disfraz más avanzada la noche- ¿Por qué llora? –Te repetía mientras vos te servías vino y me mirabas - ¡Pero qué insensible! Llora porque vivió y seguirá viviendo, claro está. Llora porque entre diálogos de papel picado, su vida se había convertido en un bobo soliloquio, y contar las horas, los meses, los años hasta despertarse porque el cigarrillo aún estaba prendido y le quemó los dedos."

Dibujamos nuestras vidas como los pintores expresionistas del siglo XX. Nos disfrazamos, los dos jugando con máscaras pero yo lo veía. Tiraba de los hilos con cuidado, desvestía tu cara jugando, jugando a encontrarte, a verte los ojos, despertarte; ya sabrás cuán hijo de puta puede ser uno con los disfraces –Manuel fumaba con los ojos en blanco, atrás el sol comenzaba a desaparecer y de golpe estaban solos en la plaza-. Pero ¿qué es está locura? Si encontré ese talón de Aquiles cuando tu puño se entornó, te miré tanto en el momento en el que golpeaste al idota que te había tocado. La postura, pero sobre todo el antebrazo. El golpe tan masculino como tal vez tu padre alguna vez y esos ojos, desnudos de la rabia más nostálgica de todas cuando tu mano se posó entre las cejas como lo hubiera hecho años atrás. Como te hubiese gustado hacerlo años atrás con aquel monstruo. Pero te lo dije, destrocé el último de los hilos y esos monstruos, te hablé de monstruos y de los únicos que pueden llegar a molestar son los que están adentro. Me robé la belleza del mediodía que nacía y los restos de la noche, tan convulsa, para que la flecha se pose donde alguna vez hubo una hoja en el talón del indestructible Aquiles. Entonces te vi caer. Vi las sonrisas falsas y la amargura detrás. Hablamos de manchas. De pelotitas de luz dando vueltas por el universo y de soledades, confesiones de borrachos a las once de la mañana, por supuesto. Borrachos que jamás volverían a verse y, heme aquí, siguiéndote de nuevo para tal vez preguntarte cómo estás o si dormiste bien mi pelotita de luz azul. Mi mancha de cielo expresionista. Me dijiste que ver las hileras de luces amarillas en una noche de lluvia era lo que te hacía feliz. Me contaste que te movías en el mundo como yo, como una mancha de luz azul jugando con espejos y multiplicándose hasta el infinito; que para la semana que viene ya habrías olvidado mi rostro y mi forma de hablar. Que seríamos hormigas que se cruzan para hablar y siguen su rumbo.

Sofía fijaba la vista en el paredón. Gabi, te amo y te necesito. Juan. Se preguntaba quiénes eran Gabriela y Juan y por qué su cuerpo giraba entorno a la calesita, pasaba por frente a las hamacas y dejaba caer, frente a un hombre flaco y de pelo negro, un pequeño pedazo de papel que rezaba algo sobre manchas de color azul y verbos mal conjugados


Página  1 | 2 | 3 

Letras Cafeinadas es un proyecto autónomo sin fines de lucro llevado adelante por æclipse µattaru. Todo el material publicado en este sitio cuenta con la autorización expresa de sus respectivos autores. O al menos con la autorización de impostores muy convincentes. O, en el peor de los casos, con un silencio que sonaba mucho a que estaba todo bien. Si usted reconoce alguna de las imágenes utilizadas en este sitio como propia, contáctese con nosotros para que sea otorgado el debido reconocimiento. O para que la imagen sea removida, si fuese usted una persona realmente horrible :(

Contacto: webmaster@cafeinitaprodigo.com
(c) 2005-2008 La Hermandad de la Cafeína

eXTReMe Tracker