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Existe una convención social que dice que las mujeres son universalmente más inhibidas que los hombres en lo referente al sexo. La imagen del marido eternamente cachondo que tiene que perseguir, rogar, negociar o hasta chantajear una noche de sexo a su esposa es un clásico que hemos visto ilustrado en miles de maneras a lo largo de la historia.

"Kiss", de Tanya Chalkin
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Durante algunos años, ingenuo de mí, viví engañado pensando que yo era el tipo con más suerte en el mundo, porque si tenía que basarme en mi experiencia personal, hubiese tenido que decir que esa afirmación era una redomada pelotudez. Pero mis conversaciones sobre el tópico con amigos, amigas y compañeros de trabajo me llevan una y otra vez a lo mismo: No es que yo sea tan suertudo, es que las mujeres no son más inhibidas una mierda. Al menos no las uruguayas. Tirando a todo lo contrario. Y no hablo de divorciadas calentonas con pelo a lo Madonna, esas power-women al estilo Sex & The City que están de vuelta en todo y que viven a la caza y a la pesca; no, hablo de minas comunes y corrientes que simplemente no le tienen miedo al sexo, y lo viven con una mentalidad creativa y perversa.

Y cuando éstas mujeres tienen una veta artística, van mucho más allá que cualquier hombre: Son mucho más ingeniosas, mucho más creíbles y -lo más importante- mucho más efectivas. ¿Por qué pasa esto? No tengo la menor idea, pero es como una constante universal.

El hombre, pese a ser tradicionalmente consumidor de pornografía desde temprana edad (o acaso justamente por eso, atrofiada su imaginación por el pésimo nivel del material de inspiración), parecería ser incapaz de escribir una historia erótica que no suene a la fantasía torpe e inexperta de un preadolescente --ya ni hablemos de una que pueda calentar a nadie. Invariablemente cae en lugares comunes y soluciones estúpidas que no sólo son absolutamente improbables sino que bordean lo payasesco, matando cualquier clima que pudo haberse llegado a generar con un repentino y fulminante golpe de ridiculez. Como en el ejemplo de Divi-Dead. Y si te calienta algo escrito por un hombre, cuando leas algo escrito por una mujer más vale tené a mano un trapito.

Hay algo que me olfatea mal con esta lesbiana quinceañera.
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Hacé la prueba: Googleá "relatos eróticos" y tratá de discernir cuáles fueron escritos por hombres y cuáles por mujeres. Es fácil -tristemente fácil, diría yo- y puede llegar a ser divertido. Por supuesto, no caigas en la bobada de guiarte por los nombres con que están firmadas las historias, vamos. No me importa si asegura llamarse "sapphic_angel_87", una lesbiana de verdad NO escribe una historia de colegialas que usan tacos aguja y cuyo punto más alto es el momento en que entra el director del colegio. O cuando una de ellas saca un pepino de la mochila.


Esta visión estrecha e infantil que tienen los hombres del sexo es un asunto mucho más terrible de lo que parece, porque se ve reflejada en la forma en que viven su sexualidad en la práctica. Si a esto se le suma el hecho de que los hombres suelen asumir la voz cantante en las relaciones, el resultado es una cantidad escalofriante de mujeres insatisfechas llevando una vida sexual miserable.

Y esto no es algo que diga yo. Debe haber pocas cosas más alejadas de una autoridad en las artes amatorias que quien escribe -de hecho soy la última recomendación que le haría a una mujer, y si no me extiendo al respecto es porque, creéme, no querés aguantarme llorando mis miserias-; pero hace un tiempo participé en una charla grupal sobre sexo en la que me enteré de que, de las siete mujeres presentes, seis jamás habían llegado al orgasmo durante el coito. Una de ellas estaba convencida de que ni siquiera era posible. Esto significaba, además, que tres de ellas no sabían lo que era tener un orgasmo con su pareja, y una no sabía lo que era tener un orgasmo en absoluto. Pero todas tenían una curiosidad ávida, cuando no una imaginación literalmente impresionante.

De hecho, se que hubo una que eventualmente tiró un matrimonio mediocre de tres años por la ventana y le dio un giro de 180 grados a su vida sexual. Hoy está saliendo con un tipo junto al cual -sitios web de contactos mediante- viven en una especie de safari sexual que haría que el Marqués de Sade se pusiera a sacar apuntes.


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