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ean-Luc terminó de clavar la cuña, fijó el mosquetón y pasó la cuerda. Aunque sabia que no debía hacerlo, miró hacia abajo... No podía resistirlo... Mont Blanc se desplegaba bajo sus pies, espléndido. Miró el altímetro. Registraba 4400 m...

Aun le quedaban más de 400 m por delante y el avance era cada vez más lento. Había llegado a un muro de roca muy empinado y le estaba resultando condenadamente difícil encontrar las grietas donde clavar las cuñas. Miró a su alrededor... por más complicada que fuera una escalada, lo bueno era que siempre había tiempo para pararse a contemplar el paisaje. Distinguió el pico más próximo como la Barre de Ecrins. Lo había conquistado hacia cosa de dos meses...

En los últimos seis años había escalado prácticamente todos los picos de los Alpes franceses y suizos... los más altos al menos. Ahora se enfrentaba al más alto de toda la cadena, no sin cierto respeto. Apoyándose en los estribos, fijó otra cuña unos centímetros más arriba y aseguró el nuevo mosquetón. Se dispuso a pasar la cuerda... y entonces lo sintió. Desde pequeño había tenido una especie de sentido excepcional para el peligro... sentía un extraño cosquilleo en la espalda cuando algo no estaba bien. Y definitivamente, en ese preciso momento, algo no estaba bien...

Hubo un desprendimiento unos cinco metros sobre su cabeza. Una roca del tamaño de un puño lo golpeó en el casco, haciéndole perder el precario equilibrio que mantenía sobre los estribos. Mientras caía, e intentaba por todos los medios no perder la calma, pensaba en cuantas cuñas había colocado. Calculó que al menos dos de las cuatro no podían fallar... se equivocaba...

Las tres primeras se desprendieron de cuajo. La última cedió levemente, pero se mantuvo en su sitio... aunque lentamente comenzó a desengancharse. Sin perder la calma que lo caracterizaba, trató de alcanzar la cuña un par de veces, sin éxito.

Finalmente lo logró y la colocó firmemente en su sitio. Decidió que lo mejor seria seguir avanzando hasta encontrar un lugar seguro. Se disponía a fijar una nueva cuña... y entonces, contra toda probabilidad, se produjo otro derrumbe... Una nueva roca, un poco más grande que la anterior, lo golpeó de lleno en el pecho. Empezó a caer nuevamente, esta vez con bastante desesperación.

De repente sintió un fuerte tirón... y se vió, con asombro, suspendido en el aire. Comprobó que una de las tiras de su mochila se había enganchado en la última cuña. Hizo un cálculo rápido y descubrió que no duraría mucho... el nerviosismo se apoderó de él. Intentó por todos los medios alcanzar las cuñas en su cinturón, mientras luchaba por librarse de la cuerda que se había enredado en torno a su cuerpo. Un millón de ideas surcaban su mente como una manada de caballos salvajes. Por fin, consiguió desenmarañarse y alcanzar las cuñas con su mano izquierda... y entonces la mochila cedió...


La figura de negro se pone de pie, se coloca la capucha de su túnica y toma la guadaña que se encuentra junto a la mesa, todo con un evidente aire de superioridad.

"Bueno, parece ser que he ganado nuevamente", añade en tono soberbio.

Una serie de siseos se expande rápidamente entre los presentes, entre los cuales se encuentran los jugadores que momentos antes abandonaron la mesa.

"Algún día, mi sombría amiga... algún día..."

Mientras La Muerte se aleja, la figura de blanco se queda un momento pensativa, acariciando su larga barba blanca con la mano derecha mientras sopesa la estatuilla de Jean-Luc en la izquierda... después de unos segundos, con un gesto de ira, golpea el tablero con el puño cerrado...


En algún lugar de la India la tierra comenzó a agitarse repentinamente, separándose en algunos puntos y destruyendo varios edificios... tomando por sorpresa, una vez más, a los expertos geógrafos...


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