Página  1 | 2 | 3 




















Las trompetas sonaron. Los arcángeles, ángeles y demás criaturas divinas comenzaron a entonar melodías celestiales. Y Dios, por primera vez, los mandó callar.

- Es hora -dijo Lucifer, y las puertas del Infierno se abrieron de par en par, dejando entrar el canto de las trompetas. Lucifer no entraría nunca más al Reino de los Cielos y, para cumplir su palabra, Dios le haría una visita. Todos los habitantes del Infierno se deslumbraron. Lloraban a gritos, clamaban por la presencia de Dios en aquél lugar. Le imploraban que los llevase con ellos.

- No he venido a hablar con ustedes. -dijo cortando los ruegos con voz resentida y seria.

Entre el océano de millones de cabezas y brazos alzados que rodeaban a la entidad, a empujones mandaron al frente a alguien que había sido nombrado Papa alguna vez en la Tierra. Lo interpusieron en su camino, y éste, con el terror corriendo por sus venas, pidió explicaciones, hablando por todos los que una vez habían sido miembros del gran imperio católico.

- ¿Que pasó con nosotros, Padre? ¿Por qué nos has abandonado?

- No he venido a hablar con ustedes -dijo sin mirarle-, pero ya que vienes como representante impertinente, anda y diles que son los principales culpables de haber alejado a la humanidad de mí. Se llenaron de oro los bolsillos, y de palabras falsas el hocico, y repartieron mis enseñanzas del modo que ustedes quisieron. Adoraron a hombres como ustedes, y no a mí.

- ¿Como puedes deci--?

- ¡No me interrumpas! -tronó- ¡Mi espíritu estaba en todo lo que los rodeaba, bastaba con abrir los ojos!

Y siguió camino hasta los aposentos de Lucifer, que lo esperaba sentado.

- Casi una eternidad sin vernos. -dijo burlonamente- Sabes bien por qué has venido. Ya no los soporto, e imagino que tú tampoco.

- Tú no puedes saber eso.

- Entonces no debes tener a ninguno contigo... Es eso, ¿verdad? Por eso has aceptado verme. Tampoco los soportarías. Son demasiado imbéciles.

- La opción fue de ellos. Era algo que tenía que suceder.

- Era algo que tenía que suceder DESPUES de tu famoso juicio final. ¿Por qué siguen cayendo como si fuesen una interminable lluvia de arena? Mejor dicho, ¿por qué empezaron a caer de repente, antes de tu prometido gran acontecimiento?

- Decidí que no era tan necesario. El resultado iba a ser el mismo, y si no tú te aburrirías demasiado. No deberías quejarte. -dijo un tanto irónico- Además, su condena no es mi culpa.

- Sí lo es. Fue un error tuyo. Tú nos hiciste para adorarte desde un principio. Has estado jugando a crear cosas para ti desde quién sabe cuándo. Las estrellas y el Universo eran muy bonitos de contemplar, pero no te retribuían nada más que estar ahí para mirarlas cuando quisieras. Así que seguiste con todo ese montón de lacayos que te cantan todo el día y te recuerdan lo omniblablabla y glorioso que eres. Y cuando yo quise manifestar lo que pensaba, me mandaste aquí para siempre, a modo de castigo. Y seguiste con seres más insignificantes y sin poder alguno, pero que al menos se movían más que tus estrellas, y que podrían admirarte también. Tú y tu necesidad de alabanza permanente, creaste esta inmundicia repugnante que tiene necesidad de tener fe aún sin ver. Al menos a nosotros no nos hiciste así. Y poniéndote en plan desbordador-de-amor-y-bondad-y-misericordia-a-diestra-y-siniestra, si te servían como tú querías y entendían tus adivinanzas les darías el honor de adorarte por toda la Eternidad. Qué buen premio. No te funcionó, y ahora yo ya no los soporto aquí. De hecho, mi papel por enfrentarme a ti no era ser el amo y señor de las tinieblas, sino seguir sirviéndote, condenando eternamente a todos aquellos que no te hicieron sentir complacido. Bueno, no quiero hacerlo más tampoco. No los soporto a ellos, y si los tengo que soportar, prefiero que me destruyas. Si no, sólo quiero estar aquí tranquilo.

- Los destruiremos a ellos, pues.

Lucifer abrió los ojos sorprendido. Seguramente Dios no estaba mostrando compasión por él, sino que sabía que la gente iba a seguir siendo estúpida, y ya no le serviría de nada. No iba a cuestionarlo, por las dudas. Ni siquiera iba a cuestionar seguir sirviéndole. Aunque en el interior, le nació una ligera sospecha: Sin los humanos, ya no tendría propósito alguno de existir. Tal vez... sólo tal vez, en el momento en que Lucifer no sirvió más a Dios, El decidió crear humanos para agravar su castigo. Tal vez toda esta historia de los enanitos de carne y hueso era sólo para ahogar en remordimiento a Lucifer. O tal vez ése era el castigo. Lucifer cayó en desengaño. El plan de Dios había sido demasiado inteligente. Era comprensible la razón de que no hubiese almas humanas en su reino. En verdad, la humanidad no era más que un juego. Una condena miserable y sin sentido para ellos mismos, y un castigo perverso para Lucifer por desertor, y ahora llegaba a su fin. Dios ya se había cansado.

- ¿Y que pasará conmigo?

- Lo decidiré después. Ahora puedes quitarte el gusto. Te otorgo el poder de destruir la eternidad de sus almas. Y sigue con el mundo. No, espera. Sigue con las vidas del mundo. Del planeta en sí me encargaré yo antes de que lo hagan ellos mismos. Me enteraré cuando termines, y vendré a hacerte una última visita


Página  1 | 2 | 3 

Letras Cafeinadas es un proyecto autónomo sin fines de lucro llevado adelante por æclipse µattaru. Todo el material publicado en este sitio cuenta con la autorización expresa de sus respectivos autores. O al menos con la autorización de impostores muy convincentes. O, en el peor de los casos, con un silencio que sonaba mucho a que estaba todo bien. Si usted reconoce alguna de las imágenes utilizadas en este sitio como propia, contáctese con nosotros para que sea otorgado el debido reconocimiento. O para que la imagen sea removida, si fuese usted una persona realmente horrible :(

Contacto: webmaster@cafeinitaprodigo.com
(c) 2005-2008 La Hermandad de la Cafeína

eXTReMe Tracker